Ser Camino está de moda. Formar parte del Primer Itinerario Cultural Europeo es una seña de identidad, un potente sello de calidad, por el que parecen pugnar todas aquellas poblaciones que guardaron alguna vez relación con la ruta, aunque sean ‘parientes’ lejanos.
Los pueblos de León no son la excepción en el conjunto nacional y europeo. El relanzamiento de caminos y sendas dormidas dan buena cuenta de la magnitud de la ‘fiebre jacobea’ y del interés de las comunidades por poner el valor sus particulares rutas históricas. En ningún caso son inventos, aquí, como en Roma, todos los caminos conducen a Santiago.
Así, el Camino Real Francés, eje central de las peregrinaciones y primer referente en la provincia, ya no es la única senda que puede tomar aquel peregrino animado a abrazar al santo. Hasta diez alternativas tiene para elegir el que pisa suelo leonés desde que entra hasta que sale del Viejo Reino, regado por más de 1.000 kilómetros de rutas jacobeas, de momento.
El Camino de Madrid, el de Besaya, Ruta Valdiniense, Real Cañada Vizana, Sur de Invierno, Vía Trajana, San Salvador, las rutas alternativas de Villar de Mazarife y Hospital de Órbigo y el Viejo Camino con sus otras dos alternativas, conforman la oferta de sendas a su paso por León, un laberinto que el peregrino deberá recorrer antes de ‘saltar’ a Galicia y seguir por ahí hasta la Plaza del Obradoiro.
Si el peregrino no acaba finalmente en El Congo y termina con éxito de desliar esa maraña de rutas jacobeas y caminos alternativos que ofrece la provincia, necesitará aún una buena dosis de paciencia para adentrarse, sin morir en el intento o perderse en el mejor de los casos, en los tramos urbanos por donde discurre la ruta.
Flechas amarillas, señales verticales, mojones, vieras metálicas, azulejos, placas y demás ornamentos que decoran los pueblos jacobeos servirán, más que para guiar los pasos, para abrumar al concheiro.
La amalgama de iconos despista por completo al caminante, visualmente bombardeado con los anuncios, ofertas y direcciones de los establecimientos, que incluso llegan a ‘retorcer’ el discurrir original de la senda para acercársela a la puerta lo máximo posible.
Pero las ganas de tener cerca el Camino no son solo patrimonio de las empresas privadas. Como ya se ha visto, la fiebre de la Ruta Jacobea contagia poblaciones de todo el país que han visto en este ‘invento’ sin copyright, una forma de promocionar su patrimonio, su cultura y, por supuesto, la economía local.
Y es que, aunque no hay datos exactos sobre el volumen económico que mueve al año el Camino Santiago, sí se calcula que, este Jacobeo, 200.000 personas pisarán la histórica senda dejándose en ella una media de 30 euros al día, por otras 20 jornadas que emplea de media el concheiro, 120 millones. |